El arte de no hablar

Ilustración, diseño y maquetación del libro "El arte de no hablar" de Ana Brave

Un año de duro trabajo para sacar a la luz el primer libro de Ana Belén Tomás Lozano, una clienta que ha acabado convirtiéndose en una de mis mejores amigas.

 

Me cautivó su sensiblidad desde el minuto en el que la conocí. Conecté desde el primer día con su manera de percibir el mundo, con su capacidad para leer los sentimientos de las personas de su alrededor. Ana es de esas personas que han llegado a mi vida justo en el momento oportuno. Me dijo, “aquí están mis letras, cógelas y haz con ellas lo que quieras”.

 

Al inicio de este proyecto necesitaba precisión, comencé con el carboncillo, esa barrita de madera carbonizada y, sin saber muy bien lo que hacía, dibujé el rostro de Ana por primera vez el 13 de febrero de 2019. Aquella noche nos quemamos juntas en la misma hoguera. Inmediatamente después llegó con ella el grafito y la línea pura y limpia, la punta del lápiz afilada, la trama ordenada, la calma…

 

Unos meses después decidí dejarme ir y perder el control del dibujo. Vino el huracán y con él la mancha aguada, la tinta negra, las formas confusas e inexactas, los tejidos difusos, los cuerpos oscuros… 

 

Con este libro he sacado la ira, la furia, la nostalgia, el perdón, el amor. He tirado hojas y hojas al suelo. He lanzado tinta y me he equivocado muchas veces. He pintado la flema, la pasión, la bilis, el hígado, la melancolía, el bazo, la sangre, el corazón... Con las imágenes de este libro he aprendido a dibujar con trazo suave y ligero y a pintar con la furia de un vendaval. He aprendido que sin la mancha negra y densa, sería imposible ver las luces. Que la carne hiere y cura, como el trazo, como la palabra y que con el dibujo también soy capaz de hablar. 

 

No sé si habré estado a la altura, pero os prometo que lo que aquí os muestro es honesto. 

Os prometo que es real.

 

Ana, gracias por dejarme todo, por darme tanto. Por haberme teñido entera de negro.